LAS LUCES DE EL CHARCO

* “Pero cuando en noches de luna llena, ante la claridad asombrosa, en “La Sierrita” aparece la dama de blanco” César H. Isassi Cantú, Cronista de la Ciudad. (Leyendas de Reynosa)

JESUS RIVERA
LA PRENSA / Reportaje

LUCES SOBRE EL PANTEON

Cuando el sol se pone y cae la oscuridad en el ejido “Congregación Garza”, los perros y los caballos empiezan a emitir todo tipo de sonidos que parecen denotar su nerviosismo.
Una noche como cualquier otra, en la casa del Delegado Municipal de “El Charco”, Domingo Gil Rodríguez, ladran los canes y relinchan los jamelgos, dicen que por la cercanía con el viejo panteón donde descansan los restos de los fundadores de aquel poblado.
A simple vista, se trata de un cementerio como el resto de los camposantos, con lápidas, cruces blancas y capillas que ya casi se derrumban, pero aquí en particular, sobresalen las viejas tumbas de los primeros pobladores, con fechas de siglos pasados.
Nos dispusimos a tomar algunas fotografías nocturnas del lugar y para ello, utilizamos una cámara digital Canon de 5.1 megapixeles con un pequeño flash incorporado, así como una lamparita de botón que apenas alumbraba entre los sepulcros.
Tan pronto como asomaron los monumentos funerarios en la negrura de la noche, disparamos los primeros flashazos buscando obtener las tomas más tétricas o macabras para acompañar el presente reportaje.
Orientamos el objetivo hacia un primer cúmulo de tumbas y disparamos el obturador, sin notar nada sospechoso a simple vista ya que de antemano sabíamos de algunas leyendas de aparecidos que circulan entre los rústicos habitantes de este poblado.
Terminado el trabajo, nos dirigimos a las viejas construcciones que bordean la antigua plaza de “Congregación Garza”, lugar donde se erigen por ejemplo, la casa del conocido revolucionario Mariano Reséndez y la mansión de los Gutiérrez, familia fundadora de “El Charco”, así como otras edificaciones que de noche se convierten en ruinas fantasmagóricas.
Evidentemente, y a pesar de lo tenebroso del lugar, no pudimos darnos cuenta de ningún suceso o fenómeno que pudiera considerarse como fuera de lo normal, salvo los ladridos y aullidos de algunos perros y caballos, pero parece que eso está considerado dentro de las cosas cotidianas por parte de los habitantes del lugar.
A pesar de la desilusión, seguimos con el trabajo de entrevistar a los lugareños sobre historias de aparecidos.
Muy a su pesar, Agustín Martínez accedió a contar una de tantas consejas que se han transmitido de generación en generación; asegura que no una, sino varias veces fue testigo de la presencia de una luz fantasmagórica, misma que también fue vista por otros rancheros que se aventuraban a transitar a altas horas de la noche por la brecha a Santo Domingo.
Omitiendo detalles de los cuales -dijo- ya no se acuerda porque eso ocurrió hace más de treinta años, relata que se trataba de una bola de luz que flotaba a varios metros del suelo, se acercaba a los vehículos y después desaparecía cuando estaba a escasos metros para reaparecer segundos más tarde en la parte trasera y perderse en la oscuridad.
Para aquellos que la vieron es la misma historia, menos uno que iba a caballo, algo pasado de copas; éste vio venir la luz y tomó su reata, con la cual logró lazar a la aparición y “ahorcarla; desde entonces, ya no se ha vuelto a aparecer, dice Agustín Martínez.
En “El Charco” circulan además otras historias, como aquellas en que algún lugareño se hizo rico de la noche a la mañana tras desenterrar una “relación”, es decir, un recipiente que contenía oro y que fuera enterrado por alguien que vivió hace siglos.
Quizás ahora resulta inverosímil, pero se dice que en la casa de Mariano Reséndez había un túnel que comunicaba con el Río Bravo y por el se podía introducir contrabando al país, pero había el inconveniente de que en él habitaba una víbora de gran tamaño que devoraba a todo aquel que pretendía ingresar en el mismo.
Una gran cantidad de años pasaron y el túnel, -relatan quienes saben esa historia-, se derrumbó, aplastando con ello al gigantesco ofidio producto de la imaginación desbordada de la gente que vivió en siglos pasados.
REYNOSA, TIERRA DE LEYENDAS
En “El Charco” existen historias de aparecidos relacionadas con su larga historia, pero también en Reynosa hay un rico folclore relacionado con el mismo tema.
En el libro “Leyendas de Reynosa”, escrito por el Cronista de la Ciudad, César H. Isassi Cantú, se destacan algunas de ellas, como “La Mujer de la Sierrita”, “La Muchacha Bailadora y el Diablo Galán”, “Las Cabezas Rodantes” y otras más.
Relata Isassi en una prosa amena y clara que “hay quien asegura que en algunas épocas del año, cuando la claridad es absoluta, (una) extraña y hermosa mujer de pronto aparece sentada, acompañando a los automovilistas y más de uno jura que a través del retrovisor la ha visto en toda su magnicencia, y cuando voltean el rostro hacia el asiento anterior donde iba aposentada, la visión desaparece como por encanto de magia, porque magia es la compañía de “La Mujer de la Sierrita”, cuando los autos suben la pronunciada cuesta y ella, argentina, flota a su lado, mirándolos fijamente desde la oquedad de sus inexpresivos ojos”.
En la leyenda de las “Cabezas Rodantes”, se supone que cuando las fuerzas de Lucio Blanco pasaron por Reynosa dejaron una estela de dolor y zozobra, y fue precisamente en un lugar conocido como “La Curva”, cerca del ejido “El Guerreño”, donde un lugareño descansaba con la cabeza apoyada en las vías, de tal forma que cuando pasó el tren cargado de soldados, las ruedas decapitaron al desafortunado hombre; según la conseja, el decapitado se apareció por muchos años en ese lugar, buscando a tientas su cabeza y no descansó hasta que fue castigado con la muerte el militar responsable de dirigir el convoy.
LAS LUCES DE “EL CHARCO”
Sea que las historias tengan sustento histórico o no, la verdad es que en las fotografías que tomamos en el panteón de “Congregación Garza” aparecen algunas luces de pequeño tamaño que flotan sobre los viejos monumentos funerarios.
Muchas de ellas parecen tener luz propia y otras son como motas o efectos producidos por la lente de la cámara.
Independientemente de lo que sea, es poco probable que se trate de manifestaciones fantasmagóricas, y hay quienes aseguran en revistas especializadas que sólo se trata del polvo que hay en el medio ambiente o de insectos que andan revoloteando.
A pesar de ello, procedimos a estudiar a detalle cada fotografía, ampliando las tomas hasta lograr captar algunos detalles curiosos.
Muchas de las luces parecen ser eso, insectos, ya que se pueden apreciar en lo oscuro estructuras que semejan alas, en tanto que algunas “luces” son circulares y se parecen más a motas de polvo.
Otras, como se dijo anteriormente, sólo son efectos ópticos de la cámara.
Realidad o fantasía, donde las historias de aparecidos cumplían en aquellos años en que no había televisión, el mismo papel que ahora tienen las telenovelas y películas.
(Agradecemos la colaboración del CP Enrique Garza Flores para la realización de este reportaje).