CALICHERAS
DE LA MUERTE
JESUS
RIVERA
LA PRENSA
/ Reportaje
Convertidas en verdaderas
fosas de la muerte, año con año las calicheras cobran la vida
de niños y personas adultas que se atreven a sumergirse en sus contaminadas
aguas.
UN CASO ESTRUJANTE
COL. INDEPENDENCIA, al sur de la ciudad. Para Víctor Manuel Villanueva
aquella era una mañana como cualquier otra.
Hacía algunos meses que se había separado de la casa paterna porque
su familia había crecido y ya no cabían en la humilde vivienda
de madera y láminas viejas.
Vivió y creció en ese mismo lugar de la populosa colonia Independencia,
a la orilla de una enorme calichera.
Víctor construyó un pequeño cuarto también de retazos
de madera y esa mañana abrió la puerta para salir al reducido
patio.
Apenas dio unos pasos, resbaló y perdió el piso peligrosamente,
cayendo hacia las frías y oscuras aguas de la fosa. En la caída
rebotó con unas salientes de piedra caliza y luego permaneció
inerte hasta que una de sus hijas dio la voz de alarma.
Inmediatamente los trasladaron al Hospital General donde le hicieron algunos
estudios y se diagnosticó la presencia de un coágulo cerebral
que aún hoy lo mantiene como un vegetal.
Según dice su madre, la señora Margarita Tovar De la Rosa, en
el Hospital General le cobraron 11 mil pesos por los estudios y la atención
médica, de los cuales aún deben la mayor parte.
Doña Margarita y su esposo tienen más de cuarenta años
de vivir en ese lugar, cuando la calichera aún no estaba invadida por
el agua. Era un hoyo muy profundo de donde se sacaba el material de revestimiento
para las calles de la zona urbana.
Ahora, tras el incidente en que su hijo mayor quedó paralítico,
los pocos momentos del día que le quedan libres los dedica junto con
sus pequeñas nietas a tratar de rellenar una pequeña parte de
la oquedad que se abre peligrosamente a sus pies.
-¿Para qué están rellenando la calichera? -se le preguntó.
-Pues para que no se nos caigan más niños. Mire, hace poquito
se me cayó un chamaco de 29 años y creo que del fregazo
que se dio en la cabeza le vino un derrame cerebral y ahorita lo tengo tirado
en la cama.
-¿Y nadie lo ayuda?
-Ya lo llevamos al hospital y nos cobraron 11 mil pesos aparte de las
medicinas.
-¿En qué hospital
-En el General. Ahorita tenemos por ahí una deuda retrasada. Y
anoche lo llevamos también porque se le iba el aire pero no lo revisaron
porque dijeron que estaba bien y nos lo regresaron. Ahorita tenemos que darle
de comer en la boca, con jeringa, puros líquidos. Lo cambiamos de pañal.
O sea, no se mueve, está inmóvil.
EN ESPERA DE UN MILAGRO
El accidente ocurrió hace poco más de dos meses.
En ese tiempo la familia de Víctor ha vivido un verdadero calvario donde
el dinero escasea y las necesidades aumentan.
Ahora, doña Margarita está solicitando el apoyo de instituciones
o personas caritativas para conseguir una silla de ruedas que le permita desplazar
a su hijo sin tantas dificultades.
La falta de ejercicio físico y la misma carencia de alimentos nutritivos
han dejado al joven padre de familia casi en los huesos.
Su esposa, Guadalupe Almanza López tuvo que buscar un trabajo para sufragar
el gasto más importante, que es la comida para su esposo y sus tres pequeñas
hijas.
Don Guadalupe Loera Delgado, padrastro de Víctor, ha tenido que trabajar
tiempo extra para tener más dinero y cubrir las deudas que se han ido
acumulando.
A pesar del dolor que siente al ver a su hijo en un estado casi de vegetal,
doña Margarita no pierde las esperanzas de que un día su hijo
se levante y vuelva a caminar, como antes de que ocurriera aquel nefasto accidente.
Por lo pronto, quiere que alguna institución o persona done una silla
de ruedas, pañales para adulto y comida que pueda ser fácilmente
digerida.
Quiero que me lo ayuden, a ver si pueden también darle terapia,
una silla de ruedas, pañales y alimentos, porque como le digo, él
no puede comer alimento sólido. Aquí nosotros no salimos de frijoles,
sopa, huevos, papas y de vez en cuando pollo.
Para quienes deseen cooperar o enviar ayuda, la familia vive en la calle Nueve
de la colonia Independencia, a la orilla de la calichera.
INTERVIENE GRUPO SOCIAL
En esta calichera han perdido la vida muchas personas desde que el agua empezó
a acumularse en el fondo.
Hace apenas unos días los periódicos daban cuenta de un individuo
que falleció por inmersión cuando cayó al abismo con su
bicicleta.
Años atrás, un vecino de la misma colonia que hacía maniobras
cerca de la orilla con una van resbaló con el vehículo, el cual
se hundió en las oscuras aguas.
La camioneta quedó en el fondo de la fosa, cuya profundidad es considerable,
según el testimonio de algunas personas.
Aunque los vecinos del lugar, como la señora Margarita prefieren que
se rellene la calichera, organismos como la Alianza de Colonias Revolucionarias
en Acción planteó un interesante proyecto que consiste en
la siembra de pescado y camarón.
Pedro Martínez Proa, Presidente de esa agrupación propone al Gobierno
del Estado que se invierta mediante algún fideicomiiso o programa de
apoyo al empleo en la compra de unos aereadores.
La propuesta -dijo- es lograr que el dueño de la calichera ceda
los derechos sobre la misma y después solicitar al Gobierno del Estado
que nos ayude para sembrar pescado para beneficio de la misma colonia, para
que puedan adquirir ese alimento a precios accesibles.
De hecho, ahora mismo las personas que habitan en los alrededores acostumbran
pescar en ese lugar para su propio consumo o para la venta en las pescaderías
cercanas.
Según Martínez Proa, una vez que funcione el oxigenador, se solicitará
a las personas que tienen sus casas a la orilla de la fosa para que dejen de
lanzar sus desechos hacia las aguas, toda vez que el sistema de drenaje pronto
se introducirá hacia aquel sector de la ciudad.
Mientras eso ocurre, la calichera de la colonia Independencia seguirá
siendo un peligro mortal o como en el caso de Víctor Manuel Villanueva,
una trampa que cambió para siempre su vida y la de su familia.