NEGOCIOS SUCIOS
*“Hay quien da más valor al polvo dorado que al oro enpolvado” Proverbio popular

JESUS RIVERA
LA PRENSA / REPORTE

VIVIENDO DE LA BASURA
STACION CORRALES, a cinco kilómetros al oriente de Reynosa. La columna de humo blanquecino que se asoma por entre las copas de los huizaches ya no es algo nuevo para los habitantes de Corrales, ni para los miles de transeúntes que circulan por el libramiento Luis Donaldo Colosio.
Acostumbrados al olor penetrante de la basura, aderezado con el de las aguas negras de las lagunas de oxidación, para ellos es un día rutinario, un día como el resto de la larga temporada de estiaje.
Los carretones tirados por caballos, mulas y burros dan tumbos por entre los hoyancos del camino de terracería mientras que los conductores intentan pasar lo menos aburridos posible el largo trecho que tienen que conducir desde la ciudad hasta este vertedero, uno de los más grandes del Municipio.
Mientras avanzan, se oyen los alegres acordes de la música grupera, y los cuadrúpedos agilizan su paso al sentir sobre sus ancas el ardor que les provocan los constantes latigazos.
Este basurero no es muy diferente a los demás, a primera vista.
Se ubica en un predio de dos hectáreas de extensión, entre la brecha Corrales y el estero de aguas negras.
La señora Marycruz Navarro, propietaria, es la encargada de cobrar una módica cuota a cada uno de los carretoneros que acude a tirar los desperdicios urbanos en ese lugar. “Lo único que no aceptamos es basura de los hospitales para evitar que los pepenadores se puedan picar”,-dijo.
Entre los altos montones de papel, cartón, metal y desechos orgánicos se pueden apreciar figuras humanas que se encorvan para recoger cuanta cosa les pueda servir, ya sea para vender o para su uso personal.
Los pepenadores son personas muy humildes, algunos de ellos acuden diariamente en grupos familiares en busca de cartón, plástico y aluminio que después venden a las empresas recicladoras.
Para doña Marycruz, casi forman parte de su propia familia.
Aparte de los recolectores, diariamente van a ese lugar un promedio de cuarenta carretoneros, quienes pagan una cuota para poder depositar la basura.
Algo que llama la atención de este vertedero en particular es que está ordenado en bloques.
A diferencia de Las Anacuas o Las Calabazas, en el de Corrales han hallado un modo de evitar que los incendios crezcan descontroladamente.
El hecho de que se divida en bloques o secciones garantiza que si alguien quema una parte, el fuego no se propagará a la siguiente.
El mérito es de Antonio Rangel Gaytán, quien es actualmente el encargado de vigilar el buen funcionamiento de este basurero.
CULTURA DEL RECICLADO
¿Porqué se acumula tanta basura? Para especialistas en materia del cuidado mediambiental, se trata de la falta de una cultura del reciclaje.
En comunidades cercanas, cruzando el Río Bravo, el reciclado es una práctica común y una conducta muy arraigada entre la población.
Al menos en lo que toca al basurero de Corrales, decenas de pepenadores acopian el material que pueden vender a pequeñas empresas que a su vez envían el material rescatado a Monterrey o a otros destinos para elaborar nuevos empaques.
Pero para los especialistas, la cultura del reciclado debe empezar desde el hogar.
Rangel Gaytán muestra una serie de bolsas que contienen millares de envases de plástico, listos para ser fletados a Río Bravo.
Acompañados por doña Marycruz, nos internamos en el predio, entre bloques de basura que despiden un olor rancio, fétido.
La parte de atrás del vertedero es la más antigua y colinda con el estero de aguas negras, en tanto que los desechos más recientes se amontonan en la parte frontal.
Rangel explica la razón para tener ordenado por bloques.
Hace poco más de dos años trabajó en el basurero Las Anacuas, donde se hizo un relleno sanitario y luego se colocaron contenedores, pero ambas acciones fueron insuficientes.
Al llegar a éste lugar, sugirió que la basura fuese ordenada en secciones o bloques para evitar que se quemara todo cuando alguien prenda fuego.
Esto quedó demostrado porque en la parte posterior se observa la columna de humo blanco, tras que la lumbre fue sofocada por Rangel y otros trabajadores a punta de pala, echando tierra sobre las ramas y desechos que se estaban incinerando.
En este caso, el sistema de los bloques funcionó y no fue necesario llamar a los bomberos para mitigar las llamas.
El capataz dijo que a mediano plazo piensan conseguir una pequeña maquina retroexcavadora para hacer hoyos y depositar ahí la basura, como si se tratara de un relleno sanitario en forma.
Doña Marycruz señala los montones de basura que se están quemando y afirma que personas desconocidas prendieron fuego.
Son individuos que aprovechan la noche, cuando no hay vigilancia, para drogarse o emborracharse. Al amanecer, antes de que lleguen el capataz y los pepenadores, acostumbran quemar una sección del vertedero y se marchan tal como llegaron, sin ser vistos.
La propietaria del predio asegura que tenía varios cerdos que se alimentaban de la basura, pero durante algún tiempo encontraban en la mañana sólo los intestinos y restos de huesos.
Luego se descubrió que fueron los mismos vándalos que aprovechaban a los animales para saciar su voraz apetito.
LA HISTORIA DEL “AMIGO”
El “Amigo” es un personaje muy popular entre carretoneros, pepenadores y afanadores del basurero de Corrales.
Explica doña Marycruz Navarro que se trata de un individuo de mediana edad, vestido con andrajos y con visibles muestras de padecer de algún transtorno mental.
“Venía y se estaba una semana. El aquí comía y se quedaba a dormir entre el monte. Comía basura y tomaba agua de la que encontraba en botellas. Nosotros le invitábamos una soda pero prefereia tomarse el agua caliente que sacaba de los montones de basura”,-dijo, al describir algunas costumbres de tan singular personaje.
El “Amigo” se iba por dos meses y regresaba a seguir buscando su comida entre los desechos orgánicos.
“La última vez llegó enyesado de un pie. Nos platicaba que llegó a una casa hogar de unos hermanos de la religión después de sufrir un accidente. Estas personas lo ayudaron, pero no pudieron retenerlo por mucho tiempo. El les dijo: “Si quieren ayudarme, llévenme al basurero”. Y lo trajeron”,-dijo la mujer.
Lo extraño es que nunca nadie vio que se enfermara. Comúnmente, los restos de alimentos que se vierten a la basura están en estado de descomposición, gracias a la acción de bacterias y larvas de insectos.
Pero para el “Amigo”, aquello era un manjar.
“Comía de todo lo que hallaba. A veces lo veíamos comiendo tortillas con chile y nos invitaba. Nosotros le traíamos comida o sodas, pero nunca la quiso aceptar. La última vez que lo vimos fue hace una semana, así que dentro de poco tiempo lo tendremos de nuevo por aquí”,-concluyó doña Marycruz.