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Miles de familias viven dentro de las calicheras sin medir el peligro
JESUS RIVERA
LA PRENSA / Reportaje
EL
INGENIO, ANTE LA NECESIDAD
Ya lo dijo el Presidente
Vicente Fox: "Basta sobrevolar Reynosa para ver su nivel de progreso".
Lo que no vio el mandatario desde el aire fue la triste realidad de las gentes
que habitan en el interior de las calicheras, donde la necesidad da paso al
ingenio para sobrellevar las condiciones de insalubridad y riesgo que implica
vivir por debajo del nivel del suelo.
El sur de Reynosa está plagado de minas de caliche de donde se extrajo
durante décadas cantidades inimaginables de material de revestimiento.
A diferencia de las "Siete Luminarias" del Valle de Santiago, en
Reynosa hay siete hoyancos insalubres donde conviven los cerdos, los caballos
y los perros con los niños famélicos de los carretoneros.
A pesar de todo, hay familias que intentan vivir lo más cercano posible
a la normalidad.
Si los invasores de derechos de vía corren peligro, quienes habitan
en el interior de las calicheras estean expuestos a una serie de peligros,
desde inundaciones repentinas hasta el ataque de animales ponzoñosos.
Las personas que fincarons sus casas en las "riberas" de las lagunas
que cubren el fondo de algunas de estas calicheras tuvieron que elevar primero
el nivel de los cimientos.
Cuando hay lluvias torrenciales, los escurrimientos de las partes más
altas elevan las turbias aguas hasta casi llegar a las patas de las camas.
Es muy frecuente que, en plena madrugada, los jefes de familia tomen la decisión
de sacar a sus vástagos ante el peligro de morir ahogados.
No obstante, muchos ya se acostumbraron a esta vida.
Además de la red de agua potable que bajan clandestinamente, cuentan
con luz y algunos hasta con antena parabólica.
Ciertas casas que se construyeron sobre los bordes dan la impresión
de estar suspendidas en el aire.
Son tan frágiles los cimientos, que uno teme que en cualquier momento
se puedan venir abajo.
Vivir en una de ellas implica un riesgo que muchos de ellos estean dispuestos
a correr, ante la imperiosa necesidad de contar con un patrimonio propio.
Tal vez Fox no alcanzó a verlo desde el avión presidencial porque
no están trazadas simétricamente, como los nuevos desarrollos
habitacionales.
SUBELE MAS
Francisco Javier Calixto es padre de dos niños pequeños. El
y su esposa tienen aproximadamente tres años de vivir en una casita
de madera construida en el fondo de una calichera de la colonia Guadalupe
Victoria.
Vivir ahí no les ha resultado problemático hasta ahora.
Anteriormente vivía en una vivienda rentada en la cercana colonia Arco
Iris, pero la necesidad y el crecimiento de su familia pronto lo obligaron
a buscar un sitio donde no pagaran tanto de renta.
Con sus escasos ahorros compró el terreno -que le vendieron en mil
pesos- y empezó a edificar la casa con pedacería de madera y
láminas usadas.
Aunque la mayor parte del tiempo el nivel de la laguna es bajo, existe el
temor latente de que en cualquier momento puedan inundarse.
De hecho, Francisco levantó el patio más de un metro sobre el
suelo, para lo cual utilizó escombro que le regalaron en algunos sitios
de construcción.
El miedo a una eventual inundación aún no termina, pero siempre
tiene en mente su única vía de escape si eso llega a ocurrir.
A unos cuantos metros de su hogar crecen los tules hasta casi tres metros
de altura. En derredor de ellos se observan algunas aves y varias tortugas.
Francisco asegura que hay culebras y otro tipo de animales potencialmente
dañinos pero asegura que no se acercan demasiado.
En el lote vecino se observa una casa de material que está abandonada.
Asegura que desde hace más de un año sus habitantes prefirieron
abandonarla debido a una de las últimas inundaciones.
GANAR TERRENO AL VACIO
La colonia Ampliación Arco Iris creció sobre las calicheras.
Muchas de las viviendas le ganaron espacio a los hoyancos mediante una técnica
de relleno que consiste en ir colocando sistemáticamente cantidades
de cascajo y escombro hasta obtener unos cuantos metros de terreno.
Luego, ese suelo es apisonado hasta que se compacta lo suficiente como para
soportar los cimientos de una vivienda.
Así le hizo el señor Rubén Hernández Campos, padre
de una numerosa prole -6 hijos-, cuya vivienda está fincada sobre una
elevada plataforma de cemento y block.
De cinco años a la fecha, los cinco vecinos de la cuadra compraron
el escombro suficiente para rellenar el 50% de la concavidad.
Es una de las pocas calicheras que no tiene agua. En sus cercanías,
cruzando la calle, hay otro hoyo inundado donde los habitantes pretenden nivelar
para hacer una plaza pública.
UN LAGO INSALUBRE
Hacia el sur de la ciudad existen dos grandes depresiones donde viven centenares
de familias, en condiciones extremadamente difíciles.
Una de ellas se ubica en la colonia Ampliación Pedro J. Méndez,
donde antes estaba un basurero a cielo abierto que fue clausurado en la pasada
administración.
La otra estea en las inmediaciones de la colonia Arco Iris. Ambas compiten
en extensión con la laguna La Escondida.
Para Agustín Pérez, sin embargo, el pedazo de suelo que le tocó
habitar en el fondo de esta calichera es lo más valioso que tiene.
Ahora ha decidido ampliarse hacia la orilla de la laguna porque su hijo ya
estea en edad de casarse y requiere de un espacio propio.
A lo lejos, en la otra orilla del hoyanco, se aprecian muchas casas precariamente
sostenidas por tablas de madera y ladrillos.
En algunas partes el talud alcanza los seis o siete metros, pero eso no parece
importar a los despreocupados habitantes.
Agustín comentó que "ya estamos acostumbrados a las inundaciones".
Se refiere a que en época de lluvias -como la que ya tenemos en puerta-
ocurren fuertes escurrimientos que hacen crecer el nivel de las aguas.
En el caso particular suyo y en el de los vecinos que viven como él,
en el fondo de la calichera, se ven obligados a salirse de sus viviendas hacia
las partes meas altas, donde se pasan días y semanas de "arrimados"
con sus familiares, hasta que todo vuelve a la normalidad.
"La necesidad nos obliga a estar aquí", dijo lacónicamente.