VIDA DE AVESTRUZ
* El avestruz fue domesticado para aprovechar todo: las plumas, los huevos, la pie, la carne y hasta los huesos

JESUS RIVERA
LA PRENSA / Reportaje

AVESTRUZ A LA CARTA

ANCHO PRODUCTOR DE AVESTRUCES, AL SUR DE REYNOSA. Son las 2:15 de la tarde del sábado 4 de marzo.
La brecha a El Charco luce solitaria porque los trabajadores de las compañías petroleras laboran la “semana inglesa”.
Tomamos un camino privado para dirigirnos a una de las granjas de avestruces más grande del norte de Tamaulipas, el cual surte de carne de la misma ave a empresas empacadoras de Monterrey, Guadalajara y el Distrito Federal.
En las mayores ciudades del país donde no abunda la carne vacuna, es común que la demanda se cubra con carne de equinos, pero igualmente, al menos en la Ciudad de México y sus cercanías la voracidad de los comensales está acabando con la población de corceles.
Por ese motivo algunas empresas voltearon hacia las sabanas africanas, donde habita el ave más grande del mundo: el avestruz.
Todo en éste animal se aprovecha, desde su carne hasta su piel, sus plumas y sus huevos.
La carne es más suave que la de res, sin vetas de grasa entre los tejidos; cada huevo pesa aproximadamente un kilo y medio y bastaría para alimentar a una docena de personas.
La industria del calzado de León y de Monterrey acaparan las pieles para elaborar botas, zapatos, cintos, carteras y bolsas; los artesanos compran las plumas para hacer adornos y los cascarones de huevo para elaborar coloridas obras de arte.
“El Rancho de Avestruces del Norte de Tamaulipas” cuenta con más de un millar de ellos, de los cuales, 480 son para reproducción y 800 para consumo humano.
La extensión total dedicada a la crianza, engorda y sacrificio de los avestruces es de 250 hectáreas en promedio, y se localiza muy al sur del Municipio de Reynosa, casi en los linderos con el Municipio de Méndez.
Originarios de las sabanas africanas donde el clima es extremadamente seco y caluroso, el avestruz se ha aclimatado perfectamente a esta región.
Algunos terratenientes importaron algunas parejas por curiosidad, pero otros lo hicieron con una visión de negocio.
Este rancho en especial recibió entre 1987 y 1988, un total de 86 ejemplares, entre machos y hembras.
En 1989 fue registrado como rancho productor de avestruces y desde entonces la población ha crecido hasta rebasar los 1,200 animales.
La mayor parte de su mercado se ubica en las áreas metropolitanas de Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México, donde consumir carne vacuna es casi un lujo y donde no se desprecia un buen filete de equino.
La carne de avestruz ha solucionado en gran parte la carencia de proteínas animales en las grandes ciudades porque se trata de aves de fácil crianza y de rápido crecimiento.
Un huevo tarda en promedio 42 días para empollar. Los primeros cuarenta y ocho son colocados en la incubadora artificial y los otros cuatro días pasan a un dispositivo llamado “nacedora”.
La granja cuenta con instalaciones en la colonia Almaguer donde se incuban los huevos producidos en el campo.
Luego los polluelos son llevados hasta los corrales donde se les alimenta con maíz molido y alfalfa.
Su tasa de crecimiento es de aproximadamente 12 centímetros por mes, de ahí que en un promedio de uno a dos años alcanzan una estatura superior a la de un ser humano y están listos para convertirse en suculentos cortes.
VISITA AL RANCHO PRODUCTOR

Llegamos al rancho productor de avestruces, localizado enmedio de un llano cubierto por mezquites, huizaches y nopales.
De vez en cuando algunas yucas asoman por entre alguna cerca con un racimo de flores blancas que los rancheros ingieren con singular apetito, eso sí: preparadas con su chile, tomate y cebolla, o revueltas con huevo de gallina. Son una delicia, dicen.
La brecha que nos lleva a los corrales es sinuosa, pero estea en buenas condiciones.
De entrada, se observa que los corrales tienen avestruces de diferente tamaño y edad.
Son de la variedad “cuello negro” o African Black, una cruza de variedades africanas que fueron domesticados para obtener su carne y otros derivados.
Nos recibe en el rancho el encargado de la crianza, Lorenzo Vallejo.
En el primer corral se aprecian los animales más grandes, de entre dieciocho meses y dos años de edad, los que ya estean listos para el sacrificio.
Aquí mismo se sacrifican, se deshuesan y se envían a su destino final. El intermediario paga un promedio de 40 a 45 pesos por kilogramo.
Aparte, el rancho comercializa el cuero que utilizan como materia prima los peleteros de Monterrey y León Guanajuato para producir las típicas botas de piel de avestruz.
Vallejo explica que para el sacrificio se requiere tomar del cuello al ave y dar un giro rápido para dislocar la vértebra que conecta con el cráneo.
Aunque el método es relativamente rápido, hay que tener destreza para evitar que el avestruz patalee porque puede suceder que se golpee el cuerpo y entonces la piel pierde calidad o la carne se hace más dura.
En los corrales las aves casi no requieren atención veterinaria porque pocas veces enferman.
Son los coyotes la principal amenaza ya que por las noches se acercan a las cercas y provocan que las aves corran en bandada y se golpeen entre ellos.
La edad óptima para el sacrificio y consumo es entre el año y medio y los dos años. Si se pasa de dos años, la carne es más dura y es menos apreciada por los consumidores.
¿Y qué hay de los huevos?
Aunque la granja cuenta con una incubadora en Reynosa, los huevos que ponen las hembras son acumulados en un cuarto donde duermen los rancheros. Cuando hay suficientes, entre 50 y 60, se envían a la incubadora para obtener los polluelos.
A mediados de año, entre mayo y agosto, es cuando más nacimientos se registran, con un promedio de sesenta diarios.

DESCONOCIDA
EN REYNOSA


* La carne de avestruz, pese a ser “light” por su bajo contenido de grasa, es desconocida por la gran mayoría de los consumidores reynosenses.
Hace algunos años se dio una nocitica por una estación radiofónica: un dinosaurio recorría las calles de la colonia Margarita Maza de Juárez y se requería de inmediato de la presencia policíaca para acabar con el feroz monstruo.
Al arribar los genízaros, grande fue su sorpresa al encontrarse con un avestruz hembra. El propio miedo de la gente los había hecho confundir a una casi inofensiva ave con un animal extinto.
El aspecto extraño e inusual del avestruz ha hecho que en Reynosa el consumo de su carne sea mínimo.
Algunas negociaciones ofrecían hasta el año pasado el kilogramo de carne de avestruz a un precio muy inferior a la de res.
Aún así, pocos han probado este producto que, según los especialistas, es más sano que el resto de las carnes rojas de mayor consumo en la región.
Lorenzo Vallejo asegura que su sabor es parecido al del venado, pero más tierna y ligera.