* A sólo unos cuantos minutos hacia el poniente del centro de Reynosa se ubica el ex ejido Las Calabazas, una de las zonas más contaminadas por los desechos sólidos
JESUS RIVERA
LA PRENSA / Reportaje
VIVIR ENTRE LA BASURA
Todos los días,
desde muy temprana hora, los habitantes de las rancherías cercanas
al ex ejido Las Calabazas se dan cita en cualquiera de los tres grandes basureros
a cielo abierto que existen a la orilla del río Bravo.
Niños, mujeres y ancianos hacen de la basura su modo de vida, su forma
de ganar el sustento diario, ya sea con la recolección de cobre o aluminio,
o hallando objetos que puedan ser comercializados en las colonias vecinas.
Se da el caso de familias enteras que obtienen sobras de comida, pero milagrosamente
su sistema digestivo se ha adaptado a ingerirlas.
Contra lo que pudiera pensarse, muchos de los menores de edad que les ayudan
a sus padres en la pepena gozan de muy buena salud, o al menos así
lo parecen por su aspecto físico.
Sin embargo, suelen presentarse padecimientos cutáneos, erupciones
y manchas por el constante contacto con diferentes sustancias.
En Las Calabazas ya casi nadie se acuerda de la pujante industria del ladrillo,
y de aquellos tiempos que se fueron sólo quedan algunos viejos hornos
donde los niños juegan a las escondidas y los cerdos se pasean desenfadadamente.
Ahora todo estea invadido por basura.
Las vecinas colonias Aquiles Serdán, Ampliación Aquiles Serdán
y Carmen Serdán, sufren continuamente los horrores de la quema de basura.
La mayor parte del tiempo los tres grandes basureros de Las Calabazas sueltan
un humo denso que cala en la garganta cuando los vientos soplan hacia el sur-oriente.
Hay veces en que toda la ciudad estea sumida en una nube gaseosa, producto
de la combustión de los desechos sólidos que se tiran en ese
lugar y que manos insensatas encienden para tener más espacio disponible.
Arnoldo Pérez, propietario de uno de los predios donde se localiza
un vertedero, sostuvo que son los carretoneros quienes queman la basura, pero
las autoridades le echan la paleta a él.
AYUDA INTERNACIONAL
Eel grupo ambientalista Natura 2000 plantea la siguiente solución
al problema de los basureros clandestinos a cielo abierto: buscar los fondos
de apoyo que tiene la Comisión Ecológica Fronteriza para crear
empresas procesadoras de desechos sólidos.
De entrada, la idea no le pareció mala a Arnoldo Pérez cuando
el representante de la organización, José Eduardo Pablos Vélez
Cantú, sugirió tal alternativa.
La propuesta fue que se organicen los tres o cuatro propietarios de predios
donde hay basureros ilegales para que se canalice la petición a la
COCEF, mediante las autoridades municipales.
El caso es que, actualmente, la administración de los vertederos es
un buen negocio, ya que cada carretonero o cada vehículo que tira la
basura tiene que pagar una cuota que va de los 20 a los treinta pesos por
viaje.
Pérez dijo que está dispuestos a participar en acciones que
eviten que se siga contaminando el ejido, ubicado a escasos metros de la margen
del río Bravo, siempre y cuando no se le perjudique.
Sin embargo, asegura que está consciente que en cualquier momento,
las autoridades locales pueden decretar el cierre de ese y otros vertederos
clandestinos.
Vélez Cantú, Presidente de Natura 2000, tras un
recorrido por el lugar, sostuvo que lo importante sería darle
solución al problema, y la forma más viable es convertir a estos
tiraderos en centros de acopio regularizados, con posibilidad de operar legalmente.
Propuso que los dueños de los terrenos donde hay basureros se organicen
y en base al Proyecto Integral de Saneamiento del Municipio, se presente una
propuesta, misma que se enriquecería con los estudios que realice la
autoridad.
Ver la posibilidad de que este proyecto se presente a través
de la COCEF al Banco de Desarrollo de América del Norte, buscando recursos
destinados a este tipo de proyectos, apuntó.
El problema de la contaminación, que anteriormente no impactaba de
manera directa a la población, amenaza con salirse de control.
Hasta hace cinco años, el basurero de Las Calabazas se ubicaba en la
parte meas alejada del centro, casi a la orilla del río.
Al saturarse, nuevas superficies se abrieron y ahora es prácticamente
todo el ex ejido el que está invadido por los desechos sólidos,
los cerdos y los perros.
INDUSTRIA DE LA MARGINACION
Desde el aire, la zona del ex ejido Las Calabazas parece un campo
de guerra (consúltese la página web googleearth.com).
A nivel del suelo se puede apreciar el drama en que viven cientos o miles
de personas, quienes pasan hasta diez horas hurgando entre los montones de
basura a cambio de un ingreso raquítico.
Guillermo Martínez, recolecta la basura urbana a bordo de un carretón
construido con una caja de camioneta y un viejo caballo.
Cubre diariamente las colonias La Cañada, Narciso Mendoza, Loma Linda
y Aztlán.
En su recorrido, recoge las bolsas de basura colgadas en los barandales y
a cambio recibe algunas propinas que van de los cinco a los quince pesos,
o a veces un poco más.
Sin embargo, asegura que no tiene una cuota fija.
El, como el resto de los carretoneros, cubren la deficiencia de las empresas
que tienen convenio con el Municipio para cubrir el servicio de limpieza pública
en la ciudad.
Luego que la caja del vehículo de tracción animal se llena,
recorre los más de cinco kilómetros que lo separa del basurero
Las Calabazas.
Dijo que obtiene a cambio de esa actividad, un promedio de ciento veinte pesos
diarios, los que apenas le alcanzan para cubrir las necesidades beasicas de
los cinco miembros de su familia.
La jornada de trabajo diaria empieza desde las siete horas y concluye ya muy
entrada la tarde.
El primero de tres basureros localizados en el ex ejido es propiedad de Arnoldo
Pérez, quien conduce una camioneta modesta y vive en una casa cercana
al lugar, de material, también de apariencia humilde.
El vertedero que está un poco más hacia el poniente es de su
hermano, y el que todavía funciona hacia el fondo, es de otra persona.
Una zona que anteriormente fue un pulmón para la ciudad, con una pujante
industria ladrillera, es hoy un área completamente desforestada.
Y sólo estea a pocos metros del centro de la ciudad.